Durante
la negociación del caso Hamilton, identifiqué varios aspectos en mi actitud que
anteriormente no había tenido en situaciones similares. En ese momento, y aún
ahora considero que el cambio en la forma como llevé la negociación se debió a
que estaba en un ejercicio de simulación, que no involucraba ganancias
(adicionales al aprendizaje que estoy describiendo) o pérdidas reales.
A
lo largo de mi vida, cuando me han preguntado por mi perfil de riesgo, siempre
he afirmado que soy averso al riesgo, y me enfrento a aquellas incertidumbres
muy bajas, pero en el evento de identificar un riesgo diferente a bajo, evito
la situación y actúo consecuentemente.
Sabiendo
esta condición, y reconociendo que el ejercicio tenía buena información y que
el riesgo que corría el vendedor (posición que asumí) era poco, decidí salirme
de mi pensamiento tradicional, donde me hubiera ido por el dinero seguro, y
negociar con mi contraparte para obtener un mejor precio, que se traduciría en
más ganancias para mi compañía.
Al
haber cambiado de actitud, me sorprendió encontrarme con un resultado positivo,
al que se llegó sin traumatismos, con buenos argumentos entre las partes y con
transparencia. Esto me enseñó que no debo conformarme con la primera opción que
me sea presentada, sino que, evaluando alternativas, conociendo mis opciones y
preparando las negociaciones (personales o laborales), como sugiere Ury que se
realice, se puede llegar a mejores resultados, actuando siempre con ética y
basado en mis valores personales.
Durante
la negociación, corrí con la fortuna de contar con una excelente contraparte,
una persona sensata que, al igual que yo, buscaba lograr un acuerdo sin
aprovecharse de su “adversario”, y si bien intenté obtener de él una primera
cifra base para empezar a negociar, yo comencé con una opción (65) que posteriormente,
con argumentos y sin entrar en posiciones obstinadas, cerramos en 62.
Los
aspectos que resalto de mi negociación son la forma como soporté mis cifras
ante el comprador y le proporcioné información adicional a la que él ya conocía
(sin haber “destapado todas mis cartas”) para mostrarle que el precio ofrecido
era justo y que los dos podríamos tener ganancias de esta situación.
Igualmente, consideré que la relación con la otra parte no era de corto plazo,
sino que a futuro podía haber negociaciones posteriores, razón por la cual
quise que los dos tuviéramos una negociación cómoda y satisfactoria, de forma
tal de construir confianza y abrir las puertas para próximos encuentros.
Finalmente,
considero que este ejercicio, aun cuando no era real y las condiciones eran
ideales (información suficiente, alternativas a la negociación en curso
disponibles, amplio margen de negociación, etc.), me permitió aprender sobre la
preparación de una negociación, sobre las mejores alternativas a la negociación
actual disponibles en el mercado y la importancia que tiene la primera palabra
sobre un valor en la negociación, pues depende de ésta que la negociación se
lleve a un feliz término o que la misma inicie con suposiciones y negociadores
que no están dispuestos a ceder (posicionales, de acuerdo con la clasificación
de Thompson) (Thompson, 2001. p. 10).
Referencias:
Thompson,
Leigh. The mind and heart of the negotiator. Second edition. Upper Saddle
River, NJ: Pearson/Prentice Hall, 2001. Pags 9-22
Ury, William. Supere el NO! Cómo negociar con personas
obstinadas. Bogotá: Grupo Editorial Norma, 2006.
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